6.9.04

SEIS

Anhelo

una cotidianeidad más emotiva. Con lo que tiene lo emocional de irruptor en la repetición de los días, de negación de la constante de los días.
Los afectos hacen todo diferente con ese continuo de variable intensidad y matices.
Lo que soy se manifiesta del modo más real cuando quiero y soy querido, cuando manifiesto amor y soy amado.
Pero hay días en los que paso diez horas siendo sólamente profesional. Y ejercer no es vivir. Ya lo escribí antes en otro poema; pasan los años (más de 5) y me da por sentir lo mismo para escribirlo igual.
Sin embargo hoy, lo leo más como un cómic que como un verso. Me veo más como un superhéroe, como un Clark Kent que se quita las gafas y se pone su traje de Súperprofesional. Pero no tengo poderes: no es magia, es sólo un truco. Y me da miedo que salga mal y me quede siempre así, con la S sobre el pecho.
¡Que alguien me regale otra ESE, que alguien me regale una O!
SOS

No llegar al trabajo cada día y encontrar bustos moribundos, veinteañeros trepanados por auriculares y abducidos por una pantalla de ordenador. Niños burbuja. Niños pompa. Fúnebre.
Criaturas bomba que, de inmolarse, inundarían de nada esta oficina. Menos 'écoutants' de su propia música que inmunes a la ajena.
A la mía, que hoy ha sido - sobre todo - Miqui Puig y "Te quiero ahora, te quiero luego"
Y estos sordos a voluntad, ¿temerán descubrir la música de los demás, que dice tanto de nuestro estado de ánimo? ¿Saber más de lo que quieren saber de quienes les rodean?
Tanto silencio cada día puede volverme loco. O sordo.
O quizás me ayude a desarrollar un finísimo oído capaz de interpretar las melodías que se filtran a través de sus auriculares, a la manera de una renovada, tecnológica y auditiva versión del mito platónico de la caverna.
Tal vez acabe por creer que esas virutas sonoras son el único sonido de extraños al que puedo aspirar.
Y puede ser verdad, y puede ser que cuando me hablen sea igual y sólo me entreguen las rebabas de su discurso. Las palabras que pasan a través de la espuma en su garganta; también ahí.
Será por eso que me llegan tan afiladas, que se me clavan en las sienes, como en una copla de Quintero, León y Quiroga; y como en un mal poema gitano de Lorca me entran ganas de sacar la faca y clavársela hasta la empuñadura.

Deseo más cruces de miradas, más sonrisas, compartir ideas originales. O menos ojos, menos bocas y menos cabezas de ganado.
O cruficar esos ojos, esas bocas, esas testas bovinas.
He contratado a Mel Gibson para que dirija mis perversas fantasías gore, y lo está haciendo muy bien.
Aunque haya tenido más que palabras con el cadáver de la marica de Federico, que - para empeorar aún más las cosas - no deja de gritar con su terrible acento granadino: 'God does not exist. I can tell you. I do say.'

Y disfrutar de los días al lado de Mauricio. Aunque haga aún más duro el contraste. Entre lo que siento y dónde estoy.
Cómo amo y cómo soy.
Mierda de lunes, otra vez.
Y de martes, y de miércoles. Mierda de superhéroe que soy.
Ni siquiera me veo capaz de rescatar mi autoestima, en caída libre convexa desde una de las torres KIO.