25.8.04

UNO


Anhelo una cotidianeidad más emotiva. No llegar al trabajo cada día y encontrar bustos moribundos, veinteañeros trepanados por auriculares y abducidos por una pantalla de ordenador.
Tanto silencio cada día puede volverme loco.
Deseo más cruces de miradas, más sonrisas, compartir ideas originales.
Y disfrutar de los días al lado de Mauricio. Aunque haga aún más duro el contraste.